martes, 2 de julio de 2013

REIKI: Una Terapia de Amor

Actualmente estamos viviendo una época,  marcada por grandes  avances tecnológicos,  científicos y una acelerada expansión de la conciencia  que cada día nos lleva a la búsqueda y recuperación de aquellos recursos y prácticas olvidados por mucho tiempo por el ser humano y que nos permitirán contribuir con el Universo en la Construcción de un Nuevo Mundo lleno de Amor, Paz y Fraternidad.

Es aquí donde el REIKI tiene una participación importante, siendo fuente de luz  infinita de alta vibración que llena de energía cada célula de nuestro cuerpo equilibrándolo y armonizándolo  con el Cosmo.

Esta terapia REIKI de curación basada en la   transmisión de la energía universal por imposición de las manos sobre nosotros mismos, otras personas,  animales o plantas, fue utilizada hace miles de años en el Tibet, China, Egipto, India y por supuesto por el Maestro Jesús como queda evidenciado por  sus curas milagrosas mencionadas en la literatura antigua.

Hoy disponemos de  éste método de sanación gracias a años de investigación del Doctor Mikao Usui, durante la era Meiji, hacia el 1780, en Japón.
El REIKI  como lo conocemos no es una religión, sino una técnica ancestral de curación, que  Refuerza el sistema inmunológico y estabiliza nuestro equilibrio físico-emocional-mental y espiritual. Devolviéndole un estado de armonía a nuestro ser y conectándonos con nuestra propia alma.  Ha sido reconocido por la OMS. No tiene efectos colaterales, ni contraindicaciones y está al alcance de todos.
Experimentar lo que no vemos es el reto de esta Era y conquistar y equilibrar la energía vital personal con la del Cosmo es nuestro siguiente paso en el camino de la evolución del hombre.

Un Abrazo de Luz        

Nagibe

viernes, 8 de marzo de 2013

IMPORTANCIA DE LA ACTITUD DEL TERAPEUTA


Dentro de la consulta lo más importante es la relación humana especialmente ideada para transmitir una experiencia, que origine cambios constructivos en el auto-concepto y la conducta del paciente. La relación entre el especialista y el paciente, una muy personal en un contexto muy impersonal, forma la base del esfuerzo terapéutico.

El principio de cualquier modalidad de psicoterapia dinámica es la habilidad del terapeuta para escuchar y las metas son ayudar al paciente a conseguir una mayor independencia y autoconfianza, así como promover una mayor satisfacción e intimidad en las relaciones humanas.

El paciente tiene la esperanza de una relación de amor y apoyo detrás de sus ansiedades y mecanismos de autoprotección y esta esperanza lo mantiene a flote. Frente a esta búsqueda, la actitud del terapeuta debería reflejar interés, respeto, deseo de no herir, ausencia de crítica y enjuiciamiento moral, y un compromiso genuino de ayudar, dentro de los límites establecidos por el rol terapéutico y como ser humano. Más ayuda al especialista cuando se muestra receptivo, callado, armónico y tratando de entender qué quiere comunicar el paciente simbólicamente o disfrazándolo.

La postura del terapeuta debería ser expectante, estar preparado no sólo para observar sino también para experimentar y estar preparado para llegar a implicarse en el guión interpersonal montado por el paciente. El reto básico es captar qué está el paciente comunicando o actuando ya que no se debe olvidar que en la sesión los comentarios van dirigidos al terapeuta como persona significativa. Ninguna de sus comunicaciones se debe considerar trivial.

A veces, la comunicación inicial del paciente, introduce al tema de la sesión. En otros casos puede demorar o incluso no aparecer en la comunicación verbal porque el paciente se encuentra muy a la defensiva. En estos casos, el profesional debe escrutar con agudeza particular la naturaleza de la transacción en la que está participando.

El poder del terapeuta está limitado, ya que en ocasiones los significados connotativos de las comunicaciones del paciente son difíciles de identificar. El profesional cree entender el conflicto pero no considera oportuno señalarlo por las resistencias del paciente, o el terapeuta considera que no tiene el poder para ayudarlo.
Frente a estos dilemas, es importante tener en cuenta las siguientes reglas:

- Resistir el furor por sanar.
- Resistir la tentación de hacer algo por presión del paciente.
- Resistir los sentimientos de omnipotencia.
- Guardar silencio si no está seguro de las razones para decir algo.
- Cerciorarse de que las evidencias son razonablemente adecuadas y considerar hipótesis alternas.
- Evitar la jerga clínica.
- Por encima de todo, tener presente que la psicoterapia es una relación humana y por eso la razón fundamental para ayudar al paciente es su propia humanidad.

La esencia del cambio psicoterapéutico no es la comprensión por parte del paciente de algunos principios abstractos, sino el resultado de una experiencia humana en la que se sienta comprendido y en la que se den significados nuevos a esta comprensión.

ACTITUDES RECOMENDADAS PARA LA ESCUCHA TERAPÉUTICA.

Respeto del terapeuta por el paciente.

La actitud del terapeuta debe ser la de un adulto razonable, maduro y compañero de confianza que fomente una relación simétrica entre iguales, dejando cualquier postura moralista. El paciente no debe considerar que es tratado como un objeto, como un organismo a tratar o como un portador de un desorden o enfermedad.

Esto conlleva el respeto del rol profesional, lo que significa que el terapeuta no concede favores especiales ni tampoco espera alguno. El paciente nunca deberá ser mimado o echado a perder por ser tratado como alguien especial.

Escucha empática

Debe existir en el terapeuta un esfuerzo constante por entender los sentimientos, ansiedades, luchas y preocupaciones del paciente. La empatía es la única herramienta humana y técnica y la más importante de entre las que dispone en profesional.

En la escucha empática, se deja la iniciativa al paciente tan a menudo como se pueda, para que haga sus propios descubrimientos. El profesional se mantiene en silencio hasta tener la convicción razonable de que se entiende lo que el paciente busca comunicar. Se escuchan los temas que se presenten en la sesión y si no parece surgir alguno se puede expresar eso al paciente para conseguir su colaboración.

También, el profesional debe estar atento pero comunicando una actitud relajada. Debe ser conciso en sus comunicaciones pero no monosilábico. Debe resistir la tentación de mostrarse listo y evitar las sentencias dogmáticas.

Nunca se deben efectuar comentarios que rebajen la autoestima del paciente y más bien se debe tener cuidado de fortalecerla, no competir con el paciente en área alguna y ser completamente honesto.


Namaste